domingo, 25 de enero de 2026

Mantequillo y Guanaché: Un festejo taurino de postín

 Crónica de la Esquina.

Mantequillo cayó en la tentación y de la  nada se armó de cachos, poniéndose las manos sobre las sienes, haciendo el gesto de los de casta escarbó  en el piso y arrancó a la cita del trapo descolorido que se le planteaba enfrente para completar la primera embestida. Simulando ser un buen ejemplar, giró en redondo para plantarse frente al diestro que lo volvía a chiflar para que acudiera nuevamente  al tercio de capote. Se encorvó sobre su cintura y esta vez  dejó caer más cada uno de sus índices hacia los costados para hacer más reales las armas puntiagudas y pasó por segunda vez bajo el  tremolante capote al grito del ole de los  que veían y se divertían en la esquina con las continuas poses de arte  adoptadas por  el  “mataor” Guanaché Canarias, quien a cada pase del morlaco se extralimitaba  golpeándolo con furia en el lomo, imponiendo el mando del hombre sobre la bestia. Hizo un molinete, después lo paseó por naturales y lo remató con un pase de pecho, rodilla en tierra, que el soberano, ya  extasiado con las cabriolas de toro y torero estalló en aplausos y en vivos saludos de torero, torero. La faena producía furor  en los espectadores del pasaje Teófilo Cárdenas  que carecían del más mínimo recurso como para pretender asistir a un festejo taurino  de San Sebastián. De tanto en tanto Mantequillo agarraba respiración, sacudiéndose las gruesas gotas de sudor que ya empezaban a resbalar por su cara cobriza. De repente, uno de los más cercanos a la faena se le ocurrió pedir cambio de tercio, a lo cual el torero accedió, pidiendo la imitación del clarinete mientras él preparaba un par de cañabravas  con las que citó al  fingido bruto que, como en todos los pases, acudió presuroso  para redondear el festivo simulacro que ya empezaba a tornarse insulso por las payasadas de Guanaché  Canarias.

Al  grito de ehh  toro  del “mataor” siguió  un inmenso gemido y luego una sacada de madre fenomenal  salida de lo más profundo de la garganta de Mantequillo  que  corcoveaba  para tratar de botar los 2 palos  que le habían clavado a la altura de  las paletas, mientras buscaba en redondo  una piedra para enfrentar al torero. Los pinchazos hicieron revivir el ánimo de los espectadores  que siempre creyeron que lo de las cañabravas iba a ser simplemente un acto simbólico y no las heridas por las que  chorreaba la sangre del toro Mantequilo.

La muchedumbre  persiguió al torero  y al  toro, a lo largo de las 3 cuadras que separaban la imaginada Plaza Taurina  del inmenso sembradío de caña de azúcar, a un costado del  campo deportivo. Los proyectiles lanzados  a la carrera por el brioso toro, ahora convertido en un persecutor  inclemente no alcanzaban a impactar al torero  que, aunque más menudito que Mantequillo, corría  con desesperación para tratar de ponerse a salvo de los brazos del  herido negrón.

Tanto Guanaché como Mantequillo  no durmieron en sus casas y solo fue hasta el otro día cuando se supo que en la madrugada los techos de zinc donde vivía el torero habían recibido una ración despiadada  de piedra  que abrió troneras y estuvo a punto de causar heridas a  los hermanitos  del “mataor”. Muchos de los vecinos se atrevieron a culpar a “Mantequillo”  que en su desesperada impotencia, por no dar alcance a “Guanaché”, la había emprendido a peñonazo limpio contra la casa donde vivía  el banderillero. Esas fueron  algunas escenas que nos permitimos en nuestra infancia, a falta de dinero
y televisión. 

Catalina: El origen de todo

 NOTA PREVIA: Fui encontrando textos  en la medida que el tiempo me permitía recogerlos de archivos con muchas extensiones y ahora, ponerlos más contemporáneos en este block. De allí que el escrito hecho a la vieja "Cata", en el 2007, fecha en la que falleció, aparezca con fecha de 2026. 


 

La muerte es fea, como dijo Temiño, y sin querer nos volvimos a topar con ella con la  lamentable desaparición de la viejita Catalina. Se extinguió como una velita, como un soplo leve que se expande en el vacío y nos impacta como una pesada roca. La abuela “Cata”, apenas uno de los muchos apellidos que se ganó durante su larga travesía por  este mundo, fue de las imprescindibles, en el concepto seco y lato de Bertold Brech. No hubo  magnificencia en cada uno de los 99 años que acumuló, sin embargo, las dotes de solidaridad para con sus semejantes marcaron su ser. Era uno de esos obreros de la cotidianidad que van cimentando, acción tras acción, los grandes monumentos que  permiten hacer numerosas extensiones generacionales de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos con valores profundamente orientados al progreso, al trabajo, a la convivencia, al disfrute  pleno de la vida. 

A la  “Cata”, no le quedó tiempo para entender que la P con la A, rimaba Pa, se nos fue con la curiosidad de saber que decía una oración, con el tropiezo de sus dedos para estampar una firma. Desde su infancia comprendió que no todos nacen para reyes y antes que esperar por su corona, juntó prodigiosamente sus manitas para moldear una bola de maíz  que le permitió levantar 4 vástagos.

Ayer cuando me incliné  sobre su frente para depositar  un beso de gratitud, me invadió el temor de encontrarme con el aliento de la muerte fea, como dijo el presbítero, pero inmediatamente sentí que ese  altivo plasma se descorría para dejarme ver un perfecto desfile de refranes, enseñanzas, sabidurías, anécdotas, cuentos de caminos, recetas de cocina, mamaderas de gallo y por último sus valores, valores de vida ejemplar, de sacrificio en pos de conseguir que las nuevas generaciones sigan la senda de servir y ser cada día mejores para quienes los necesitan.

Catalina escogió la resaca que nos había dejado el triunfo de la vinotinto y sin muchos aspavientos decidió cerrar su ciclo de vida en manos de su siempre compañera. Eran las 10 de la mañana de un primero de julio de  2007. La noche  anterior  se habían desbordado los festejos en las calles de San Cristóbal  por el triunfo de la selección nacional ante Perú, en el marco de la Copa América. No quiso presumir de aguafiestas y aguantó hasta que el último fanático nacional se marchará a su hogar  para extinguir su vida prodiga de razones. Nos dejó con el plan a medias para celebrarle los 100 años.  

martes, 6 de enero de 2026

REQUIEM POR LA VINOTINTO

 


Dicen que “el que, apuesta por necesidad, pierde por obligación”. El viejo adagio le cae de lado a la selección Vinotinto que, necesitando un resultado, pero barajando varios escenarios, se estrelló con una realidad que le niega la posibilidad de asistir, por vez primera a una final del campeonato del mundo, un evento muy demodé, pero que para nosotros los venezolanos, tan cerquita de Colombia, pero tan Lejos de Dios, era una de esas alegrías colectivas ya anunciadas que nos disponíamos a celebrar. 

Nos quedamos con la sensación de poder lograrlo. Sabíamos que las barajas nos daban algún alivio. Brasil no puede perder, aunque juegue en El Alto, esta en juego el prestigio de Anchelotti. Colombia ya está clasificado y viene relajado. Si empatamos y Bolivia Empata, clasificamos. Si perdemos y Bolivia pierde, también clasificamos. Si perdemos 6 a 3, pero Bolivia empata, clasificamos. Por donde se le veía, las cosas estaban para Venezuela.

Pero llegó el martes: Ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes. Había que salir a blandir el acero. A quemar las naves. Las cosas no estaban a nuestro favor totalmente, pero tampoco a favor de Bolivia. Si lo mediamos en porcentajes teníamos el 70%. Brasil es Brasil y no puede perder en El Alto. Colombia es difícil, pero está clasificada. “Seguro Lorenzo hace algunos cambios para dar chance a los que menos han jugado y será más fácil para nosotros”.

Telasco anota y la algarabía no tiene rienda. Colombia viene a dar papaya. Epa, ese gol de Mina no estaba en los planes. Los paisas no tenían porqué ponerse bravos, ya están clasificados. Toma, le dice Josep Martínez, tras marcar el segundo gol, reavivando las barras en Maturín y la esperanza en el país que quería olvidarse de sus problemas.

Pero, se agitó la contra suerte o la suerte en contra y apareció un desconocido, Luis Suarez un émulo del mordelón uruguayo para igualar las acciones y desencajar el rostro de los enmascarados de rojo, antes de finalizar el primer tiempo. 

Con el empate tenemos esperanza. Los brasileños no pueden perder en El Alto por el prestigio de Anchelotti y seguro que en el segundo tiempo remontan y, tal vez empaten o, como es lógico, por la cantidad de estrellas que tienen, deben ganar. Venezuela debe preservar la calma y manejar el juego ante una Colombia ya clasificada.

La defensa nacional vuelve a hacer aguas y aparece el invitado Suárez nuevamente para decretar el tercero. Yo estaba sacando cuentas y, aunque no me cuadraban, daban ánimo, porque Venezuela podía lograr, en una de esas genialidades del técnico Batista, hacer un cambio para probar otros destinos. El que entre puede anotar el empate y esperar que Brasil haga lo mismo.

Pero llegó el cuarto, en otro aparente desdoble de Luis Suárez. “Estaba hinchado de goles y los descargó contra nosotros, precisamente, en el día más futbolísticamente importante para el país. Qué, otra vez Suárez, Están repitiendo el cuarto o este es el quinto, preguntamos, ante la incredulidad de lo que estábamos viendo.

Y, así llegó el alegronazo que nos produjo el tercero de Rondón, para refugiarnos en las lágrimas, junto a los jugadores con el sexto de Colombia. Los paisas estaban clasificados y no tenían porque enfadarse tanto con nosotros. Colombia nunca anotó seis goles en tres años y Venezuela tampoco recibió esa dosis, a pesar de los pesares.

Necesitábamos jugarnos el todo o nada y terminamos con el algoritmo al revés. Bolivia le ganó a Brasil en El Alto, a pesar del prestigio de Anchelotti, que ya se inventará alguna frase para justificarlo. Colombia nos goleó, sin necesidad. El empate no llegó, tampoco la oportunidad de asistir a un Mundial.

Reflexionando sobre el futuro nos queda; en una eliminatoria donde Chile y Perú, que siempre son tradicionales competidores, pero en esta oportunidad hacían cambio generacional. Donde Brasil y Argentina, siempre se dan por clasificados. Paraguay, Uruguay, tardan, pero llegan. Colombia y Ecuador son huesos duros de roer. Donde, en esta oportunidad Fifa amplió a 48 y dio 6 cupos y medio a nuestra zona. Donde Estados Unidos no cuenta por ser el anfitrión. Salomón y Rincón junto al Bocha Batista le dicen adiós a la Vinotinto ahh.