Dicen que “el
que, apuesta por necesidad, pierde por obligación”. El viejo adagio le cae de
lado a la selección Vinotinto que, necesitando un resultado, pero barajando
varios escenarios, se estrelló con una realidad que le niega la posibilidad de
asistir, por vez primera a una final del campeonato del mundo, un evento muy
demodé, pero que para nosotros los venezolanos, tan cerquita de Colombia, pero
tan Lejos de Dios, era una de esas alegrías colectivas ya anunciadas que nos
disponíamos a celebrar.
Nos quedamos con
la sensación de poder lograrlo. Sabíamos que las barajas nos daban algún
alivio. Brasil no puede perder, aunque juegue en El Alto, esta en juego el
prestigio de Anchelotti. Colombia ya está clasificado y viene relajado. Si
empatamos y Bolivia Empata, clasificamos. Si perdemos y Bolivia pierde, también
clasificamos. Si perdemos 6 a 3, pero Bolivia empata, clasificamos. Por donde
se le veía, las cosas estaban para Venezuela.
Pero llegó el
martes: Ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes. Había que salir
a blandir el acero. A quemar las naves. Las cosas no estaban a nuestro favor
totalmente, pero tampoco a favor de Bolivia. Si lo mediamos en porcentajes
teníamos el 70%. Brasil es Brasil y no puede perder en El Alto. Colombia es
difícil, pero está clasificada. “Seguro Lorenzo hace algunos cambios para dar
chance a los que menos han jugado y será más fácil para nosotros”.
Telasco anota y
la algarabía no tiene rienda. Colombia viene a dar papaya. Epa, ese gol de Mina
no estaba en los planes. Los paisas no tenían porqué ponerse bravos, ya están
clasificados. Toma, le dice Josep Martínez, tras marcar el segundo gol,
reavivando las barras en Maturín y la esperanza en el país que quería olvidarse
de sus problemas.
Pero, se agitó la
contra suerte o la suerte en contra y apareció un desconocido, Luis Suarez un
émulo del mordelón uruguayo para igualar las acciones y desencajar el rostro de
los enmascarados de rojo, antes de finalizar el primer tiempo.
Con el empate
tenemos esperanza. Los brasileños no pueden perder en El Alto por el prestigio
de Anchelotti y seguro que en el segundo tiempo remontan y, tal vez empaten o,
como es lógico, por la cantidad de estrellas que tienen, deben ganar. Venezuela
debe preservar la calma y manejar el juego ante una Colombia ya clasificada.
La defensa
nacional vuelve a hacer aguas y aparece el invitado Suárez nuevamente para
decretar el tercero. Yo estaba sacando cuentas y, aunque no me cuadraban, daban
ánimo, porque Venezuela podía lograr, en una de esas genialidades del técnico
Batista, hacer un cambio para probar otros destinos. El que entre puede anotar
el empate y esperar que Brasil haga lo mismo.
Pero llegó el
cuarto, en otro aparente desdoble de Luis Suárez. “Estaba hinchado de goles y
los descargó contra nosotros, precisamente, en el día más futbolísticamente
importante para el país. Qué, otra vez Suárez, Están repitiendo el cuarto o
este es el quinto, preguntamos, ante la incredulidad de lo que estábamos
viendo.
Y, así llegó el
alegronazo que nos produjo el tercero de Rondón, para refugiarnos en las
lágrimas, junto a los jugadores con el sexto de Colombia. Los paisas estaban
clasificados y no tenían porque enfadarse tanto con nosotros. Colombia nunca
anotó seis goles en tres años y Venezuela tampoco recibió esa dosis, a pesar de
los pesares.
Necesitábamos
jugarnos el todo o nada y terminamos con el algoritmo al revés. Bolivia le ganó
a Brasil en El Alto, a pesar del prestigio de Anchelotti, que ya se inventará
alguna frase para justificarlo. Colombia nos goleó, sin necesidad. El empate no
llegó, tampoco la oportunidad de asistir a un Mundial.
Reflexionando
sobre el futuro nos queda; en una eliminatoria donde Chile y Perú, que siempre
son tradicionales competidores, pero en esta oportunidad hacían cambio generacional.
Donde Brasil y Argentina, siempre se dan por clasificados. Paraguay, Uruguay,
tardan, pero llegan. Colombia y Ecuador son huesos duros de roer. Donde, en
esta oportunidad Fifa amplió a 48 y dio 6 cupos y medio a nuestra zona. Donde
Estados Unidos no cuenta por ser el anfitrión. Salomón y Rincón junto al Bocha
Batista le dicen adiós a la Vinotinto ahh.

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