domingo, 25 de enero de 2026

Catalina: El origen de todo

 NOTA PREVIA: Fui encontrando textos  en la medida que el tiempo me permitía recogerlos de archivos con muchas extensiones y ahora, ponerlos más contemporáneos en este block. De allí que el escrito hecho a la vieja "Cata", en el 2007, fecha en la que falleció, aparezca con fecha de 2026. 


 

La muerte es fea, como dijo Temiño, y sin querer nos volvimos a topar con ella con la  lamentable desaparición de la viejita Catalina. Se extinguió como una velita, como un soplo leve que se expande en el vacío y nos impacta como una pesada roca. La abuela “Cata”, apenas uno de los muchos apellidos que se ganó durante su larga travesía por  este mundo, fue de las imprescindibles, en el concepto seco y lato de Bertold Brech. No hubo  magnificencia en cada uno de los 99 años que acumuló, sin embargo, las dotes de solidaridad para con sus semejantes marcaron su ser. Era uno de esos obreros de la cotidianidad que van cimentando, acción tras acción, los grandes monumentos que  permiten hacer numerosas extensiones generacionales de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos con valores profundamente orientados al progreso, al trabajo, a la convivencia, al disfrute  pleno de la vida. 

A la  “Cata”, no le quedó tiempo para entender que la P con la A, rimaba Pa, se nos fue con la curiosidad de saber que decía una oración, con el tropiezo de sus dedos para estampar una firma. Desde su infancia comprendió que no todos nacen para reyes y antes que esperar por su corona, juntó prodigiosamente sus manitas para moldear una bola de maíz  que le permitió levantar 4 vástagos.

Ayer cuando me incliné  sobre su frente para depositar  un beso de gratitud, me invadió el temor de encontrarme con el aliento de la muerte fea, como dijo el presbítero, pero inmediatamente sentí que ese  altivo plasma se descorría para dejarme ver un perfecto desfile de refranes, enseñanzas, sabidurías, anécdotas, cuentos de caminos, recetas de cocina, mamaderas de gallo y por último sus valores, valores de vida ejemplar, de sacrificio en pos de conseguir que las nuevas generaciones sigan la senda de servir y ser cada día mejores para quienes los necesitan.

Catalina escogió la resaca que nos había dejado el triunfo de la vinotinto y sin muchos aspavientos decidió cerrar su ciclo de vida en manos de su siempre compañera. Eran las 10 de la mañana de un primero de julio de  2007. La noche  anterior  se habían desbordado los festejos en las calles de San Cristóbal  por el triunfo de la selección nacional ante Perú, en el marco de la Copa América. No quiso presumir de aguafiestas y aguantó hasta que el último fanático nacional se marchará a su hogar  para extinguir su vida prodiga de razones. Nos dejó con el plan a medias para celebrarle los 100 años.  

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