miércoles, 4 de febrero de 2026

CAS "LA RADIO QUE CASI SE VE"

Se nos quedó en el protocolo el homenaje a personalidades del deporte. El trabajo había sido planificado y María José había cumplido la pauta con Guillermo Villamizar y Eduardo estaba tras los pasos de Luis Alfonso Ramírez.

En la reunión anterior habíamos decidido incorporar a un tercero que, no por menos importante, se nos había escapado. La idea fundamental era rendirles homenaje a las glorias de la radio tachirense, precisamente el día que se entregara el galardón a los atletas más destacados del deporte tachirense durante el año 2019.

Con Carlos no había problema. La dificultad estaba en llegar hasta la “capital del mundo”, por aquellos atascos de la falta de combustible. Con Carlos es fácil. Por eso le llamé y le expliqué la intención de la gobernadora Laidy Gómez de homenajearle junto a Luis Alfonso y Guillo por aquello de: es mejor hacerlo en vida.

El presidente del IDT, Ismael Carreño insistió en que debía ser lo más pronto posible y se había fijado para la primera quincena de marzo. “No podemos dilatar el homenaje a los muchachos y a los viejos de la radio. La gobernadora quiere que se les reconozca y ella misma quiere estar presente en el acto”, me insistió.

Eso mismo se lo hice saber a Carlos Alviárez cuando, por fin, pude comunicarme con él, después de muchos intentos. En tono rompe hielo el locuaz Carlos me dijo que tenía tres teléfonos y ninguno repicaba. “Por ahí oigo el Cantv en las noches cuando me quedo aquí en la sala”. Ahí le expliqué la razón de mi llamada e inmediatamente se puso a la orden. “Eso sí, en los limites de Lobatera porque no tengo como movilizarme a San Cristóbal”.    

Formalizamos los aprontes y quedamos en fecha perentoria en llegar hasta allá. Entre lo que más le gustaba destacar estaba la transmisión de la primera Vuelta al Táchira. El cuento rondaba lo inimaginable. Una volqueta de Cadafe, un transmisor conectado a una batería y las minucias de los detalles que Carlos los aderezaba con movimientos de saltimbanqui que resultaba imposible interrumpirle.

Después se soltaba a hablar de sus inicios en Ecos del Torbes, sus travesuras para conseguir el trabajo de locutor, la exigencia de Don Gregorio, la simpatía y disposición de JJ y las anécdotas de las transmisiones de ciclismo. Imperdible era la palabra.

Sus hijos, sus nietos y su bisnieta complementaban cualquier conversación con Carlos. Su voz barítona y bien acentuada no dejaba dudas del cuidado y la exigencia a si mismo por no dejar mal empezadas o rotas las letras en cada una de las palabras. “Hay toches ahora que se creen locutores y no leen ni el horóscopo”, sentenciaba su crítica contra algunos estereotipos de la radio.

Nuestro compromiso se mantuvo hasta bien entrada la crisis del coronavirus. “Don Carlos, el acto se ha corrido y la visita a Lobatera postergada”, le dije en la última llamada, “No se angustie chamo que para todo hay tiempo”.

En esa frase quedó el compromiso de contar con Carlos para el homenaje a las glorias de la radio deportiva tachirense. Hoy, nuestros pesares y las palabras de condolencia para su familia, para sus amigos, para la enorme familia deportiva tachirense y para todo aquel que en alguna oportunidad oyó slogans del tipo, “La radio que casi se ve”, el “sonido mayor de los Andes”. Mi preferido siempre fue el cierre de la Vuelta al Táchira. la despedida en la voz de Carlos Alviárez Sarmiento era el espacio que codiciaba al cierre de la cada edición de la Vuelta.

A Eduardo le oía decir Maestro cada vez que se cruzaba con Carlos Alviárez Sarmiento. Ese sentimiento vuela por el aire y se esparce en partículas que caerán sobre las ondas hertzianas para llevar la nitidez de la noticia. Ha fallecido Carlos Alviárez, Paz al alma de un buen tachirense. Gracias Maestro, su paso por aquí se recordará por algún tiempo.

 

ENTRE WOLFGAN VON GOETHE Y CATALINA

 

Fausto vendió  su alma al diablo a cambio de sabiduría y placeres de la vida. La obra de Goethe publicada en 1808 tiene grandes similitudes con los cuentos de cocina de Catalina quien aseguraba que Plácido Méndez, un carnicero que habitaba por los lados de El Pueblito, en la vía que desde San Cristóbal  conduce a Rubio, había hecho un pacto con el Diablo, a cambio de unas morocotas que lo habían hecho poseedor de una fortuna.

En la obra universal del alemán Wolfgan Von Goethe,  se describe  la insatisfacción del erudito personaje  que  entrega su alma al Diablo a cambio del conocimiento infinito y los placeres mundanos.  Catalina  contaba la cantidad de veces  que se había topado con el Diablo, devenido con el nombre de “El Compadre”, a quien describía  como un tipo  vestido de blanco, unas veces a caballo, otras  de a pie, que aparecía en las noches , como fantasmal figura, paradójicamente de bien.   

Ese es un paralelismo que noté desde que, en alguna oportunidad leí extractos de la obra del alemán y que después concluí  que eran relatos de control social. Al parrandero siempre le salía el Diablo. “Al abuelo Bernabé lo cabalgaban las brujas  y le salía el demonio  en sus noches de farra y miche”. La realidad era que el abuelo, se metía tremendas  rumbas de guarapo y  después, camino a casa se   desbarrancaba.  Allí dormía su borrachera y llegaba al otro día con heridas palpables, cobijado por el cuento de las brujas y “El Compadre”.  

Las brujas también vinieron de Europa como temibles criaturas aladas  capaces de  surcar el espacio  montadas en escobas. Estas escalofriantes criaturas  eran capaces de transformar a sus enemigos en cerdos o alimentarse con  la carne de los niños recién nacidos. Circe, la hechicera de la mitología griega y su sobrina Medea, representan iconográficamente a estas figuras a quienes los artistas clásicos o del periodo renacentista concibieron como imágenes femeninas estrafalarias con los pechos caídos, la nariz puntiaguda y excesivamente marchitas.

De cómo vinieron a parar esos personajes a estos sitios remotos y convertirse en íconos de la maldad que perseguían a los campesinos por los cafetales y sorprendían a los incautos en las negras noches de los campos tachirense. No se ha establecido. Se sospecha que llegaron envueltas en las lecturas de los emigrantes alemanes que llegaron atraídos por el prestigio del café tachirense y los negocios tranzados con la dictadura gomecista.

Esa huella rigurosa quedó reflejada en los métodos de crianza de los 7  vástagos engendrados por la pareja Bernabé y Ana Joaquina. Catalina fue una de las hembras que  decidió quedarse junto a su madre para seguir la tradición de  cocinera  en la famosa hacienda de Tononó. A las 4 de la mañana, la niña de 8 años tenía que estar atenta a los mandatos de Ana Joaquina para tener listo el desayuno al personal que hacía labores agropecuarias.  

Alumbradas por mechurrios  y con el temor de las brujas rondando por todos lados, la niñas corrían detrás del ejemplo de su madre, quien la conminaba a realizar sus oficios puntualmente, so pena de ser castigadas por las brujas que proyectaban sus sombras en las destruidas paredes de bahareque. 

“Cada madrugada tenía que ir hasta el arroyuelo a traer el agua limpia para preparar el desayuno.  En una de esas, estaba agachada llenando el jarrón cuando sentí que alguien me miraba fijamente y al levantar la cara me encontré con la imagen fantasmal de “El Compadre”, quien me preguntó, con una voz fuerte y educada que estaba haciendo en esos parajes. Le dije que estaba llevando agua para preparar la comida y el hombre me replicó que no tenía edad para esos menesteres. Me indicó que regresara pronto a casa y que no volviera a venir sola”. Después se esfumó por detrás de unas matas de sauco y yo quedé temblando, al punto que llegué sin agua a la casa”.

En otra oportunidad, a plena luz del día encontró que sobre el agua del arroyuelo estaba una especie de plumaje blanco reluciente que, a medida que pasaba a su lado se iba transformando en un cisne, luego en un caballo y después tomó figura de hombre que ella supuso que se trataba de El compadre. “No dije nada, solo me quedé tiritando de miedo, pero con la seguridad de que no me iba a pasar nada”. El hombre parecía que flotaba sobre el agua y de repente ya no lo volvió a ver”.

Cuando la familia decidió abandonar el campo para irse a la periferia de San Cristóbal lo primero que entró en los bultos de trapo fueron   los cuentos del campo y su forma de aplicarlos a una generación mayoritaria de nietos dejados  a su cobijo. Cuando estaba a punto de caer la tarde, la recia Catalina preparaba la cena, en aquellos tiempos, un almuerzo cualquiera, y después de lavar los trastos, nos dejaba paralizados con sus relatos, donde, por lo general, siempre había personajes del más allá. Eran una especie de tareas dirigidas dispuestas a persuadir a la inmensa tropa de los peligros de la calle.

La Llorona, El sin cabeza, Las ánimas, Las brujas, El Compadre, en sus diferentes presentaciones y los muertos aparecidos,  que eran los que más explosión hacían en nuestro precario sistema de creencias, nos dejaban extasiados de miedo a, ni siquiera asomarnos por la ventana de la puerta, por donde, según la intensa nona, caminaban en procesión las ánimas benditas, ocupando todo el ancho de la calle y… Aaayy  si alguien se atravesaba en su camino, entonces, quedaba petrificado.

La cata relataba que por la calle 9 era imposible bajar, luego de las 9 de la noche debido a que en el barranco, que ahora es una pendiente encementada, salía una bruja. El que se atreviera a transitar por la calle 10 corría el riesgo de tropezarse con una figura negra descomunal. Por la calle 11 aparecía una tipa vestida de blanco, lavando ropa. La calle 12 tenía su espanto propio porque allí estaba ubicada una incrustación en un muro que le habían edificado a un muerto. El “dijunto”, aseguraba ella, se le aparecía al más pintado.

En la calle 13 aparecía un ahorcado. La calle 14 salía la misma tipa de la calle 11, pero con el pelo alborotado. En la calle 15, aparecía un tipo de,  a caballo que ofrecía montar al osado caminante y si este echaba a correr, lo alcanzaba, en un solo salto. Y, por la calle 16, se asomaban todos los muertos del cementerio. Total  que el barrio Puente Real estaba blindado contra las personas que les agarrara la noche.

“Dentro de esos cuentos, sucede que un día, íbamos varios de los que estamos aquí, a visitar al tío Locadio. El camino para llegar al 23 de Enero se hacía por un monte lleno de matas de Tártago y caña dulce. La Nona iba a cabeza de lote y cuando nos disponíamos a atravesar el riachuelo que llamaban el “Lavapatas”, salió de las aguas un tipo alto y totalmente desnudo. La abuela nos contuvo con las manos, antes que el metrosexual  se llevara las manos a la boca para indicarnos un Shiiito. La reacción  fue de espanto y la abuela aprovechó para reforzar sus teorías de los aparecidos.

Los 99 años de Catalina tienen sus espacios histórico – temporales que no los puede resumir  este escritor por considerar  que el tiempo que compartimos con ella, fue el más benevolente. Pero, si podemos distinguir algunos aspectos propios,   época gomecista, en sus primeras andanzas. Luego, un periodo  que abarca desde los 60  los 85 años,  cuando va perdiendo su memoria inmediata y finalmente el periodo de la vejez  total, que es el más recordado por los sobrinos mayores.

Este es un relato muy familiar, demasiado nuestro, que las nuevas generaciones podrán disfrutar si el interés les ronda por informarse de sus ancestros. La abuela fue ingeniosa, creativa, solidaria, grosera, contestataria y fiel representante de una generación de venezolanos nacidos en un proceso de transición entre la Venezuela rural y  caudillista a la Venezuela petrolera democrática.

domingo, 25 de enero de 2026

Mantequillo y Guanaché: Un festejo taurino de postín

 Crónica de la Esquina.

Mantequillo cayó en la tentación y de la  nada se armó de cachos, poniéndose las manos sobre las sienes, haciendo el gesto de los de casta escarbó  en el piso y arrancó a la cita del trapo descolorido que se le planteaba enfrente para completar la primera embestida. Simulando ser un buen ejemplar, giró en redondo para plantarse frente al diestro que lo volvía a chiflar para que acudiera nuevamente  al tercio de capote. Se encorvó sobre su cintura y esta vez  dejó caer más cada uno de sus índices hacia los costados para hacer más reales las armas puntiagudas y pasó por segunda vez bajo el  tremolante capote al grito del ole de los  que veían y se divertían en la esquina con las continuas poses de arte  adoptadas por  el  “mataor” Guanaché Canarias, quien a cada pase del morlaco se extralimitaba  golpeándolo con furia en el lomo, imponiendo el mando del hombre sobre la bestia. Hizo un molinete, después lo paseó por naturales y lo remató con un pase de pecho, rodilla en tierra, que el soberano, ya  extasiado con las cabriolas de toro y torero estalló en aplausos y en vivos saludos de torero, torero. La faena producía furor  en los espectadores del pasaje Teófilo Cárdenas  que carecían del más mínimo recurso como para pretender asistir a un festejo taurino  de San Sebastián. De tanto en tanto Mantequillo agarraba respiración, sacudiéndose las gruesas gotas de sudor que ya empezaban a resbalar por su cara cobriza. De repente, uno de los más cercanos a la faena se le ocurrió pedir cambio de tercio, a lo cual el torero accedió, pidiendo la imitación del clarinete mientras él preparaba un par de cañabravas  con las que citó al  fingido bruto que, como en todos los pases, acudió presuroso  para redondear el festivo simulacro que ya empezaba a tornarse insulso por las payasadas de Guanaché  Canarias.

Al  grito de ehh  toro  del “mataor” siguió  un inmenso gemido y luego una sacada de madre fenomenal  salida de lo más profundo de la garganta de Mantequillo  que  corcoveaba  para tratar de botar los 2 palos  que le habían clavado a la altura de  las paletas, mientras buscaba en redondo  una piedra para enfrentar al torero. Los pinchazos hicieron revivir el ánimo de los espectadores  que siempre creyeron que lo de las cañabravas iba a ser simplemente un acto simbólico y no las heridas por las que  chorreaba la sangre del toro Mantequilo.

La muchedumbre  persiguió al torero  y al  toro, a lo largo de las 3 cuadras que separaban la imaginada Plaza Taurina  del inmenso sembradío de caña de azúcar, a un costado del  campo deportivo. Los proyectiles lanzados  a la carrera por el brioso toro, ahora convertido en un persecutor  inclemente no alcanzaban a impactar al torero  que, aunque más menudito que Mantequillo, corría  con desesperación para tratar de ponerse a salvo de los brazos del  herido negrón.

Tanto Guanaché como Mantequillo  no durmieron en sus casas y solo fue hasta el otro día cuando se supo que en la madrugada los techos de zinc donde vivía el torero habían recibido una ración despiadada  de piedra  que abrió troneras y estuvo a punto de causar heridas a  los hermanitos  del “mataor”. Muchos de los vecinos se atrevieron a culpar a “Mantequillo”  que en su desesperada impotencia, por no dar alcance a “Guanaché”, la había emprendido a peñonazo limpio contra la casa donde vivía  el banderillero. Esas fueron  algunas escenas que nos permitimos en nuestra infancia, a falta de dinero
y televisión. 

Catalina: El origen de todo

 NOTA PREVIA: Fui encontrando textos  en la medida que el tiempo me permitía recogerlos de archivos con muchas extensiones y ahora, ponerlos más contemporáneos en este block. De allí que el escrito hecho a la vieja "Cata", en el 2007, fecha en la que falleció, aparezca con fecha de 2026. 


 

La muerte es fea, como dijo Temiño, y sin querer nos volvimos a topar con ella con la  lamentable desaparición de la viejita Catalina. Se extinguió como una velita, como un soplo leve que se expande en el vacío y nos impacta como una pesada roca. La abuela “Cata”, apenas uno de los muchos apellidos que se ganó durante su larga travesía por  este mundo, fue de las imprescindibles, en el concepto seco y lato de Bertold Brech. No hubo  magnificencia en cada uno de los 99 años que acumuló, sin embargo, las dotes de solidaridad para con sus semejantes marcaron su ser. Era uno de esos obreros de la cotidianidad que van cimentando, acción tras acción, los grandes monumentos que  permiten hacer numerosas extensiones generacionales de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos con valores profundamente orientados al progreso, al trabajo, a la convivencia, al disfrute  pleno de la vida. 

A la  “Cata”, no le quedó tiempo para entender que la P con la A, rimaba Pa, se nos fue con la curiosidad de saber que decía una oración, con el tropiezo de sus dedos para estampar una firma. Desde su infancia comprendió que no todos nacen para reyes y antes que esperar por su corona, juntó prodigiosamente sus manitas para moldear una bola de maíz  que le permitió levantar 4 vástagos.

Ayer cuando me incliné  sobre su frente para depositar  un beso de gratitud, me invadió el temor de encontrarme con el aliento de la muerte fea, como dijo el presbítero, pero inmediatamente sentí que ese  altivo plasma se descorría para dejarme ver un perfecto desfile de refranes, enseñanzas, sabidurías, anécdotas, cuentos de caminos, recetas de cocina, mamaderas de gallo y por último sus valores, valores de vida ejemplar, de sacrificio en pos de conseguir que las nuevas generaciones sigan la senda de servir y ser cada día mejores para quienes los necesitan.

Catalina escogió la resaca que nos había dejado el triunfo de la vinotinto y sin muchos aspavientos decidió cerrar su ciclo de vida en manos de su siempre compañera. Eran las 10 de la mañana de un primero de julio de  2007. La noche  anterior  se habían desbordado los festejos en las calles de San Cristóbal  por el triunfo de la selección nacional ante Perú, en el marco de la Copa América. No quiso presumir de aguafiestas y aguantó hasta que el último fanático nacional se marchará a su hogar  para extinguir su vida prodiga de razones. Nos dejó con el plan a medias para celebrarle los 100 años.  

martes, 6 de enero de 2026

REQUIEM POR LA VINOTINTO

 


Dicen que “el que, apuesta por necesidad, pierde por obligación”. El viejo adagio le cae de lado a la selección Vinotinto que, necesitando un resultado, pero barajando varios escenarios, se estrelló con una realidad que le niega la posibilidad de asistir, por vez primera a una final del campeonato del mundo, un evento muy demodé, pero que para nosotros los venezolanos, tan cerquita de Colombia, pero tan Lejos de Dios, era una de esas alegrías colectivas ya anunciadas que nos disponíamos a celebrar. 

Nos quedamos con la sensación de poder lograrlo. Sabíamos que las barajas nos daban algún alivio. Brasil no puede perder, aunque juegue en El Alto, esta en juego el prestigio de Anchelotti. Colombia ya está clasificado y viene relajado. Si empatamos y Bolivia Empata, clasificamos. Si perdemos y Bolivia pierde, también clasificamos. Si perdemos 6 a 3, pero Bolivia empata, clasificamos. Por donde se le veía, las cosas estaban para Venezuela.

Pero llegó el martes: Ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes. Había que salir a blandir el acero. A quemar las naves. Las cosas no estaban a nuestro favor totalmente, pero tampoco a favor de Bolivia. Si lo mediamos en porcentajes teníamos el 70%. Brasil es Brasil y no puede perder en El Alto. Colombia es difícil, pero está clasificada. “Seguro Lorenzo hace algunos cambios para dar chance a los que menos han jugado y será más fácil para nosotros”.

Telasco anota y la algarabía no tiene rienda. Colombia viene a dar papaya. Epa, ese gol de Mina no estaba en los planes. Los paisas no tenían porqué ponerse bravos, ya están clasificados. Toma, le dice Josep Martínez, tras marcar el segundo gol, reavivando las barras en Maturín y la esperanza en el país que quería olvidarse de sus problemas.

Pero, se agitó la contra suerte o la suerte en contra y apareció un desconocido, Luis Suarez un émulo del mordelón uruguayo para igualar las acciones y desencajar el rostro de los enmascarados de rojo, antes de finalizar el primer tiempo. 

Con el empate tenemos esperanza. Los brasileños no pueden perder en El Alto por el prestigio de Anchelotti y seguro que en el segundo tiempo remontan y, tal vez empaten o, como es lógico, por la cantidad de estrellas que tienen, deben ganar. Venezuela debe preservar la calma y manejar el juego ante una Colombia ya clasificada.

La defensa nacional vuelve a hacer aguas y aparece el invitado Suárez nuevamente para decretar el tercero. Yo estaba sacando cuentas y, aunque no me cuadraban, daban ánimo, porque Venezuela podía lograr, en una de esas genialidades del técnico Batista, hacer un cambio para probar otros destinos. El que entre puede anotar el empate y esperar que Brasil haga lo mismo.

Pero llegó el cuarto, en otro aparente desdoble de Luis Suárez. “Estaba hinchado de goles y los descargó contra nosotros, precisamente, en el día más futbolísticamente importante para el país. Qué, otra vez Suárez, Están repitiendo el cuarto o este es el quinto, preguntamos, ante la incredulidad de lo que estábamos viendo.

Y, así llegó el alegronazo que nos produjo el tercero de Rondón, para refugiarnos en las lágrimas, junto a los jugadores con el sexto de Colombia. Los paisas estaban clasificados y no tenían porque enfadarse tanto con nosotros. Colombia nunca anotó seis goles en tres años y Venezuela tampoco recibió esa dosis, a pesar de los pesares.

Necesitábamos jugarnos el todo o nada y terminamos con el algoritmo al revés. Bolivia le ganó a Brasil en El Alto, a pesar del prestigio de Anchelotti, que ya se inventará alguna frase para justificarlo. Colombia nos goleó, sin necesidad. El empate no llegó, tampoco la oportunidad de asistir a un Mundial.

Reflexionando sobre el futuro nos queda; en una eliminatoria donde Chile y Perú, que siempre son tradicionales competidores, pero en esta oportunidad hacían cambio generacional. Donde Brasil y Argentina, siempre se dan por clasificados. Paraguay, Uruguay, tardan, pero llegan. Colombia y Ecuador son huesos duros de roer. Donde, en esta oportunidad Fifa amplió a 48 y dio 6 cupos y medio a nuestra zona. Donde Estados Unidos no cuenta por ser el anfitrión. Salomón y Rincón junto al Bocha Batista le dicen adiós a la Vinotinto ahh.

lunes, 4 de noviembre de 2024

AHI QUEDA LA CUENTA

 

La noche de una fecha ubicada en el paro petrolero del 2002, Neptalí Vázquez tuvo el atrevimiento de invitar a Said, Kike y su hermano Pedro a tomar unas cervezas en el local que venía impulsando con muchos sacrificios en el centro comercial del Este. Las latas de las águilas ya arrugadas por la fuerza de la sed, marcaban el final de una jornada futbolística en la cancha anexa del estadio polideportivo, donde celebramos un juego más con el conjunto de Locutores. Un equipo que se amoldaba a todo, incluso, a las goleadas.

Las condiciones políticas que se vivían en Venezuela, luego del fallido intento de golpe de estado y la dura posición asumida por Hugo Chávez, había producido un paro en la industria petrolera nacional que pretendió, entre otras cosas, forzar el colapso del gobierno chavista.

La escases de productos de primera necesidad, entre ellos, la venta libre de cervezas, amplió el contrabando de productos colombianos que se comercializaban en los mercados de la ciudad con muy pocas regulaciones.

La colecta alcanzó para dos cajas de cerveza águila que fueron despachadas de un sorbete. Kike, con fama de gastar poco, lanzó el anzuelo que rápidamente reforzó Said, para ir a otra parte a buscar cervezas. La ley seca impuesta en el estado daba muy pocas opciones a los sedientos "pichirres" de raza que, aún con esa fama, encontró rápida respuesta en Neptalí que se avivó a ofrecer su local para que fueran a consumir.

Me apresuré a tomar mi viejo maverick para irme a casa, ante la inminente disolución de la celebración. Said se asomó por la ventanilla del copiloto y me dijo, “marica vamos que Neptalí nos esta invitando para su local”, ante mi indecisión abrió la puerta y se arrellanó e inmediatamente invitó a Kike quien, luego de algunas frases toreras de despedida, subió a la parte trasera, haciendo chistes de quien iba a pagar la cuenta.

La incógnita prevalece, y eso quería preguntarle a Said el pasado 4 de diciembre cuando sus restos fueron introducidos en el vagón mortuorio. Venía viajando del exterior cuando me enteré del fallecimiento del "mataor" y por supuesto, aunque no éramos manifiestos amigos, en algunas oportunidades me llamaba en horas de la madrugada para charlar algo de su repertorio.

Muchas veces compartimos trabajo en la Vuelta al Táchira y otros eventos deportivos donde, desde nuestras responsabilidades, rajábamos de alguien del medio.

En algún tiempo nos dimos por comentar de bohemia. Said era de esos inconformes que disfrutaban de las letras de Joaquín Sabina, Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y otros cantantes folclóricos del continente.

 “Entre un hola y un adiós”, la ocurrente composición del Nano Serrat dice “por más que alargué los brazos, nunca te llegué a tocar”. Conservé la esperanza de verle en los últimos instantes que solicitan los familiares al culminar las exequias, pero nadie se atrevió.

Adiós Said, ahí queda la cuenta, también sus recuerdos. Dale Mataor…

domingo, 25 de agosto de 2024

EL VELORIO DE MI PADRE

 

La foto que colgaba en lo alto de su urna hablaba de la vida provechosa  del hombre que reposaba con semblante  tranquilo en aquella pesada nave. Por eso  me imaginé que, antes que  un velorio, la escena recreaba la entrada al cine Primero de Mayo de Puente Real, donde se exhibían grandes afiches promocionando  las películas del  cine mexicano. Aquella figura de gorra ajustada, bigotico extendido, debajo del  cual se  dibuja  una sonrisa de sobrado, más relacionada con los martirios amorosos  de María Félix  que con el recio pelotero que apodaban “Burro Negro”, no dejaban de impresionarme.

Me encaminé hacia la urna, sin retirar la mirada de la foto  para comprobar si  había sido  retocada con las técnicas modernas  de Photoshop. Tal vez, sí, me dije,  pero las facciones nada tenían que ver con los filtros y las capas que manejan los diseñadores. Así era él. No había gran forjamiento  en la imagen. Aún sumergido en la expresividad de la foto pude comprender   porque  hubo tanto trabajo en la confección de la nota luctuosa. “Si metemos a todos no van a caber en la hoja”, susurró una voz a mis espaldas, a quien pedía explicación sobre la ausencia de algunos nombres.

Visité a mi padre  en su lecho de muerte, cinco días antes de su fallecimiento.  Wilerma, su esposa, le preguntó que si sabía quién era la persona que estaba parada frente a su cama. Las manos que empuñaron tantos bates,  se movieron temblorosamente  para expresar con gestos de rabia que al contrario que sus piernas, su mente estaba intacta. Claro que sabía perfectamente quien era yo. Me miró en tono suplicante como pidiéndome  que lo sacara de ese slump.

Ese día lo vi muerto. Lo sentí desesperado,  intranquilo, inconforme con aquel estado en que los años habían convertido su cuerpo.  A sus 91 años, la fulgurante Estrella de Cuquí  buscaba un atajo que lo sacara del juego. Ahí  quedaban sus jonrones, su  fama de  Juan Charrasqueado, sus métodos de enseñanza, su esfuerzo, sus 20 y tantos hijos. Años atrás habíamos estado conversando sobre asuntos de la vida y me había confiado que  prefería morir  a estar dependiendo de manos ajenas.

Desde que cayó  definitivamente en cama, siempre estuvo pendiente que  los relevistas se descuidaran. En tercera, con dos outs  y el juego empatado en el 9no inning, no podía fallarle a su instinto de hacer lo que le viniera en gana. Ignoró las señas del  coach que le había advertido que se acomodara en la cama porque se podía caer. Eran más de las 12 del  domingo. La mayoría del estadio estaba en silencio esperando que el Muchachote se quedara en tercera hasta bien entrado  el 2015. Había confianza en muchos de los asistentes de que ese extrainning  les permitiera pasar las fechas decembrinas.

Yo, que compartí  solo algunos días de sus años de retiro  pude  sentir  que  aquel  árbol  de orgullo  pudiera  resistir a que el peso de los años doblegara  esas leyendas  de pasión por el deporte,  por las mujeres, por la buena vida  y, ya en su declive, por la familia.  Uno de los aspectos  más resaltantes  en la  vida de  Tulio Hernández  fue su capacidad para hacer que las madres de sus hijos sintieran siempre admiración hacia él, a pesar de su paternidad irresponsable.  “A su papá lo respetan”, solía decirnos  mi madre, quien no dejaba de admirarlo a pesar de saber que existían  otros hijos  paralelos en edades de nacimiento con los 4 suyos.    

Bajé la mirada  sobre la ventanilla del ataúd y me encontré con la sonrisa pícara de la foto que pendía en lo alto. Allí estaba el grueso roble de Rubio,  con sus dedos entrecruzados rindiéndole tributo a una vida llena de contradicciones. Este es mi padre. Lo vi tranquilo, lo vi resucitado, se había robado el home.

 

CABALLO  REAL

(Eugenio Montejo)

 

Aquel  caballo que mi padre era

 y que después no  fue, ¿ por donde se halla?

Aquellas altas crines de batalla

en donde galopé la tierra entera

 

Aquel silencio puesto dondequiera

En sus flancos con tactos de muralla

la silla en que me trajo, donde calla

la filiación fatal de su quimera

 

Sé que vine en el trecho de su vida

Al espoleado trote de la suerte

Con sus alas de noche ya caída,

 

y  aquí me desmontó de un salto fuerte,

Hízose  sombras y me dio la brida

para que llegue solo hasta la muerte.