En la reunión anterior habíamos decidido
incorporar a un tercero que, no por menos importante, se nos había escapado. La
idea fundamental era rendirles homenaje a las glorias de la radio tachirense,
precisamente el día que se entregara el galardón a los atletas más destacados
del deporte tachirense durante el año 2019.
Con Carlos no había problema. La dificultad
estaba en llegar hasta la “capital del mundo”, por aquellos atascos de la falta
de combustible. Con Carlos es fácil. Por eso le llamé y le expliqué la
intención de la gobernadora Laidy Gómez de homenajearle junto a Luis Alfonso y
Guillo por aquello de: es mejor hacerlo en vida.
El presidente del IDT, Ismael Carreño insistió
en que debía ser lo más pronto posible y se había fijado para la primera
quincena de marzo. “No podemos dilatar el homenaje a los muchachos y a los
viejos de la radio. La gobernadora quiere que se les reconozca y ella misma
quiere estar presente en el acto”, me insistió.
Eso mismo se lo hice saber a Carlos Alviárez cuando,
por fin, pude comunicarme con él, después de muchos intentos. En tono rompe
hielo el locuaz Carlos me dijo que tenía tres teléfonos y ninguno repicaba.
“Por ahí oigo el Cantv en las noches cuando me quedo aquí en la sala”. Ahí le
expliqué la razón de mi llamada e inmediatamente se puso a la orden. “Eso sí,
en los limites de Lobatera porque no tengo como movilizarme a San Cristóbal”.
Formalizamos los aprontes y quedamos en fecha
perentoria en llegar hasta allá. Entre lo que más le gustaba destacar estaba la
transmisión de la primera Vuelta al Táchira. El cuento rondaba lo inimaginable.
Una volqueta de Cadafe, un transmisor conectado a una batería y las minucias de
los detalles que Carlos los aderezaba con movimientos de saltimbanqui que
resultaba imposible interrumpirle.
Después se soltaba a hablar de sus inicios en
Ecos del Torbes, sus travesuras para conseguir el trabajo de locutor, la
exigencia de Don Gregorio, la simpatía y disposición de JJ y las anécdotas de
las transmisiones de ciclismo. Imperdible era la palabra.
Sus hijos, sus nietos y su bisnieta
complementaban cualquier conversación con Carlos. Su voz barítona y bien
acentuada no dejaba dudas del cuidado y la exigencia a si mismo por no dejar
mal empezadas o rotas las letras en cada una de las palabras. “Hay toches ahora
que se creen locutores y no leen ni el horóscopo”, sentenciaba su crítica
contra algunos estereotipos de la radio.
Nuestro compromiso se mantuvo hasta bien
entrada la crisis del coronavirus. “Don Carlos, el acto se ha corrido y la
visita a Lobatera postergada”, le dije en la última llamada, “No se angustie
chamo que para todo hay tiempo”.
En esa frase quedó el compromiso de contar con
Carlos para el homenaje a las glorias de la radio deportiva tachirense. Hoy,
nuestros pesares y las palabras de condolencia para su familia, para sus
amigos, para la enorme familia deportiva tachirense y para todo aquel que en
alguna oportunidad oyó slogans del tipo, “La radio que casi se ve”, el “sonido
mayor de los Andes”. Mi preferido siempre fue el cierre de la Vuelta al
Táchira. la despedida en la voz de Carlos Alviárez Sarmiento era el espacio que
codiciaba al cierre de la cada edición de la Vuelta.

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